Recordar un buen momento es sentirse feliz de nuevo.
Frases de Gabriela Mistral
35 frases
En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas.
Verano, verano rey, del abrazo incandescente, sé para los segadores
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Verano, verano rey, del abrazo incandescente, sé para los segadores ¡dueño de hornos ! Más clemente. Abajados y doblados sobre sus pobres espigas, ya desfallecen. ¡Tú manda un viento de alas amigas ! Verano, la tierra abrasa : llama tu sol allá arriba ; llama tu granada abierta ; y el segador, llama viva. Las vidas están cansadas del producir abundoso y el río corre en huida de tu castigo ardoroso. Mayoral rojo, verano, el de los hornos ardientes, no te sorbas la frescura de las frutas y las fuentes... ¡Caporal! echa un pañuelo de nube y nube tendidas, sobre la vendimiadora, de cara y manos ardidas!
Ausencia Ver también 31 poemas tristes que tocan el alma y el corazón
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Ausencia Ver también 31 poemas tristes que tocan el alma y el corazón 26 poemas de amor para dedicar con el corazón 32 poemas famosos e imprescindibles de la literatura en español Se va de ti mi cuerpo gota a gota. Se va mi cara en un óleo sordo; se van mis manos en azogue suelto; se van mis pies en dos tiempos de polvo. ¡Se te va todo, se nos va todo! Se va mi voz, que te hacía campana cerrada a cuanto no somos nosotros. Se van mis gestos que se devanaban, en lanzaderas, debajo tus ojos. Y se te va la mirada que entrega, cuando te mira, el enebro y el olmo. Me voy de ti con tus mismos alientos: como humedad de tu cuerpo evaporo. Me voy de ti con vigilia y con sueño, y en tu recuerdo más fiel ya me borro. Y en tu memoria me vuelvo como esos que no nacieron ni en llanos ni en sotos. Sangre sería y me fuese en las palmas de tu labor, y en tu boca de mosto. Tu entraña fuese, y sería quemada en marchas tuyas que nunca más oigo, ¡y en tu pasión que retumba en la noche como demencia de mares solos! ¡Se nos va todo, se nos va todo!
Hay besos que pronuncian por sí solos la sentencia de amor condenatoria.
La Tierra Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra,
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La Tierra Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas. Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera.
Riqueza Tengo la dicha fiel y la dicha perdida:
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Riqueza Tengo la dicha fiel y la dicha perdida: la una como rosa, la otra como espina. De lo que me robaron no fui desposeída; tengo la dicha fiel y la dicha perdida, y estoy rica de púrpura y de melancolía. ¡Ay, qué amante es la rosa y qué amada la espina! Como el doble contorno de dos frutas mellizas tengo la dicha fiel y la dicha perdida.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino.
Desvelada Como soy reina y fui mendiga, ahora vivo en puro temblor de que me dejes,
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Desvelada Como soy reina y fui mendiga, ahora vivo en puro temblor de que me dejes, y te pregunto, pálida, a cada hora: «¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!» Quisiera hacer las marchas sonriendo y confiando ahora que has venido; pero hasta en el dormir estoy temiendo y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»
Tres árboles Tres árboles caídos quedaron a la orilla del sendero.
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Tres árboles Tres árboles caídos quedaron a la orilla del sendero. El leñador los olvidó, y conversan apretados de amor, como tres ciegos. El sol de ocaso pone su sangre viva en los hendidos leños ¡y se llevan los vientos la fragancia de su costado abierto! Uno torcido, tiende su brazo inmenso y de follaje trémulo hacia el otro, y sus heridas como dos ojos son, llenos de ruego. El leñador los olvidó. La noche vendrá. Estaré con ellos. Recibiré en mi corazón sus mansas resinas. Me serán como de fuego. ¡Y mudos y ceñidos, nos halle el día en un montón de duelo!
Los días más felices son aquellos que nos hacen sabios.
Si yo te odiara, mi odio te daría en las palabras, rotundo y seguro; pero te amo y mi amor no se confía
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Si yo te odiara, mi odio te daría en las palabras, rotundo y seguro; pero te amo y mi amor no se confía a este hablar de los hombres, tan oscuro. Tú lo quisieras vuelto en alarido, y viene de tan hondo que ha deshecho su quemante raudal, desfallecido, antes de la garganta, antes del pecho. Estoy lo mismo que estanque colmado y te parezco un surtidor inerte. ¡Todo por mi callar atribulado que es más atroz que el entrar en la muerte!
Noche Las montañas se deshacen, el ganado se ha perdido;
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Noche Las montañas se deshacen, el ganado se ha perdido; el sol regresa a su fragua: todo el mundo se va huido. Se va borrando la huerta, la granja se ha sumergido y mi cordillera sume su cumbre y su grito vivo. Las criaturas resbalan de soslayo hacia el olvido, y también los dos rodamos hacia la noche, mi niño.
Te espero sin plazo ni tiempo.
Creo en mi corazón, el que yo exprimo para teñir el lienzo de la vida.
Balada Él pasó con otra; yo le vi pasar.
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Balada Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar! Él va amando a otra por la tierra en flor. Ha abierto el espino; pasa una canción. ¡Y él va amando a otra por la tierra en flor! El besó a la otra a orillas del mar; resbaló en las olas la luna de azahar. ¡Y no untó mi sangre la extensión del mar! El irá con otra por la eternidad. Habrá cielos dulces. (Dios quiera callar.) ¡Y él irá con otra por la eternidad!
Palabras serenas 24 poemas de Pablo Neruda imprescindibles en la literatura universal Leer más
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Palabras serenas 24 poemas de Pablo Neruda imprescindibles en la literatura universal Leer más Ya en la mitad de mis días espigo esta verdad con frescura de flor: la vida es oro y dulzura de trigo, es breve el odio e inmenso el amor. Mudemos ya por el verso sonriente aquel listado de sangre con hiel. Abren violetas divinas, y el viento desprende al valle un aliento de miel. Ahora no sólo comprendo al que reza; ahora comprendo al que rompe a cantar. La sed es larga, la cuesta es aviesa; pero en un lirio se enreda el mirar. Grávidos van nuestros ojos de llanto y un arroyuelo nos hace sonreír; por una alondra que erige su canto nos olvidamos que es duro morir. No hay nada ya que mis carnes taladre. Con el amor acabóse el hervir. Aún me apacienta el mirar de mi madre. ¡Siento que Dios me va haciendo dormir!
Eres la razón de mi existir, la luz que guía mi camino, la fuerza que me impulsa a seguir adelante. Te amo hoy y siempre, mi amor.
El amor que calla Si yo te odiara, mi odio te daría en las palabras, rotundo y seguro;
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El amor que calla Si yo te odiara, mi odio te daría en las palabras, rotundo y seguro; pero te amo y mi amor no se confía a este hablar de los hombres, tan oscuro. Tú lo quisieras vuelto en alarido, y viene de tan hondo que ha deshecho su quemante raudal, desfallecido, antes de la garganta, antes del pecho. Estoy lo mismo que estanque colmado y te parezco un surtidor inerte. ¡Todo por mi callar atribulado que es más atroz que el entrar en la muerte!
Encantamiento Este niño es un encanto parecido al fino viento:
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Encantamiento Este niño es un encanto parecido al fino viento: si dormido lo amamanto, que me bebe yo no siento. Es más travieso que el río y más suave que la loma: es mejor el hijo mío que este mundo al que se asoma. Es más rico, más, mi niño que la tierra y que los cielos: en mi pecho tiene armiño y en mi canto terciopelos... Y es su cuerpo tan pequeño como el grano de mi trigo; menos pesa que su sueño; no se ve y está conmigo.
Amor, amor Anda libre en el surco, bate el ala en el viento, late vivo en el sol y se prende al pinar.
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Amor, amor Anda libre en el surco, bate el ala en el viento, late vivo en el sol y se prende al pinar. No te vale olvidarlo como al mal pensamiento: ¡le tendrás que escuchar! Habla lengua de bronce y habla lengua de ave, ruegos tímidos, imperativos de mar. No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave: ¡lo tendrás que hospedar! Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas. Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar. No te vale decirle que albergarlo rehúsas: ¡lo tendrás que hospedar! Tiene argucias sutiles en la réplica fina, argumentos de sabio, pero en voz de mujer. Ciencia humana te salva, menos ciencia divina: ¡le tendrás que creer! Te echa venda de lino; tú la venda toleras. Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir. Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras ¡que eso para en morir!
Donde haya un árbol que plantar, plántalo. Allá donde haya un error que enmendar, enmienda. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú.
Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo.
Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad.