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Frase de Gabriela Mistral

La Tierra Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas que no se cuentan. Se oyen mugir los animales; se oye el hacha comer la selva. Se oyen sonar telares indios. Se oyen trillas, se oyen fiestas. Donde el indio lo está llamando, el tambor indio le contesta, y tañe cerca y tañe lejos, como el que huye y que regresa... Todo lo toma, todo lo carga el lomo santo de la Tierra: lo que camina, lo que duerme, lo que retoza y lo que pena; y lleva vivos y lleva muertos el tambor indio de la Tierra. Cuando muera, no llores, hijo: pecho a pecho ponte con ella, y si sujetas los alientos como que todo o nada fueras, tú escucharás subir su brazo que me tenía y que me entrega, y la madre que estaba rota tú la verás volver entera.

Gabriela Mistral

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Ausencia Ver también 31 poemas tristes que tocan el alma y el corazón 26 poemas de amor para dedicar con el corazón 32 poemas famosos e imprescindibles de la literatura en español Se va de ti mi cuerpo gota a gota. Se va mi cara en un óleo sordo; se van mis manos en azogue suelto; se van mis pies en dos tiempos de polvo. ¡Se te va todo, se nos va todo! Se va mi voz, que te hacía campana cerrada a cuanto no somos nosotros. Se van mis gestos que se devanaban, en lanzaderas, debajo tus ojos. Y se te va la mirada que entrega, cuando te mira, el enebro y el olmo. Me voy de ti con tus mismos alientos: como humedad de tu cuerpo evaporo. Me voy de ti con vigilia y con sueño, y en tu recuerdo más fiel ya me borro. Y en tu memoria me vuelvo como esos que no nacieron ni en llanos ni en sotos. Sangre sería y me fuese en las palmas de tu labor, y en tu boca de mosto. Tu entraña fuese, y sería quemada en marchas tuyas que nunca más oigo, ¡y en tu pasión que retumba en la noche como demencia de mares solos! ¡Se nos va todo, se nos va todo!

Verano, verano rey, del abrazo incandescente, sé para los segadores
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Verano, verano rey, del abrazo incandescente, sé para los segadores ¡dueño de hornos ! Más clemente. Abajados y doblados sobre sus pobres espigas, ya desfallecen. ¡Tú manda un viento de alas amigas ! Verano, la tierra abrasa : llama tu sol allá arriba ; llama tu granada abierta ; y el segador, llama viva. Las vidas están cansadas del producir abundoso y el río corre en huida de tu castigo ardoroso. Mayoral rojo, verano, el de los hornos ardientes, no te sorbas la frescura de las frutas y las fuentes... ¡Caporal! echa un pañuelo de nube y nube tendidas, sobre la vendimiadora, de cara y manos ardidas!