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Frases de Gabriela Mistral

35 frases

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía, «de este predio, que es predio de Jesús han de conservar puros los ojos y las manos,
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La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía, «de este predio, que es predio de Jesús han de conservar puros los ojos y las manos, guardar claros sus óleos, para dar clara luz». La Maestra era pobre. Su reino no es humano. (Así en el doloroso sembrador de Israel). Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano ¡y era todo su espíritu un inmenso joyel! La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida! Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad. Por sobre la sandalia rota y enrojecida, tal sonrisa, la insigne flor de su santidad. ¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso, largamente abrevaba sus tigres el dolor. Los hierros que le abrieron el pecho generoso ¡más anchas le dejaron las cuencas del amor! ¡Ohlabriego, cuyo hijo de su labio aprendía el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor del lucero cautivo que en sus carnes ardía: pasaste sin besar su corazón en flor! Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste su nombre a un comentario brutal o baladí? Cien veces la miraste, ninguna vez la viste ¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti! Pasó por él su fina, su delicada esteva, abriendo surcos donde alojar perfección. La albada de virtudes de que lento se nieva es suya. Campesina, ¿no le pides perdón? Daba sombra por una selva su encina hendida el día en que la muerte la convidó a partir. Pensando en que su madre la esperaba dormida a La de Ojos Profundos se dio sin resistir. Y en su Dios se ha dormido, como en cojín de luna; almohada de sus sienes, una constelación; canta el Padre para ella sus canciones de cuna ¡y la paz llueve largo sobre su corazón! Como un henchido vaso, traía el alma hecha para volcar aljófares sobre la humanidad; y era su vida humana la dilatada brecha que suele abrirse el Padre para echar claridad. Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta púrpura de rosales de violento llamear. ¡Y el cuidador de tumbas, cómo aroma, me cuenta, las plantas del que huella sus huesos, al pasar!

Madrecita mía, madrecita tierna, déjame decirte
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Madrecita mía, madrecita tierna, déjame decirte dulzuras extremas. Es tuyo mi cuerpo que juntaste en ramo, deja revolverlo sobre tu regazo. Juega tú a ser hoja y yo a ser rocío, y en tus brazos locos tenme suspendido. Madrecita mía, todito mi mundo, déjame decirte los cariños sumos.

Dame la mano Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás.
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Dame la mano Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, como una flor, y nada más... El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás. Como una espiga ondularemos, como una espiga, y nada más. Te llamas Rosa y yo Esperanza; pero tu nombre olvidarás, porque seremos una danza en la colina y nada más...

Coplas Todo adquiere en mi boca un sabor persistente de lágrimas;
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Coplas Todo adquiere en mi boca un sabor persistente de lágrimas; el manjar cotidiano, la trova y hasta la plegaria. Yo no tengo otro oficio después del callado de amarte, que este oficio de lágrimas, duro, que tú me dejaste. ¡Ojos apretados de calientes lágrimas!, ¡boca atribulada y convulsa, en que todo se me hace plegaria! ¡Tengo una vergüenza de vivir de este modo cobarde! ¡Ni voy en tu busca ni consigo tampoco olvidarte! Un remordimiento me sangra de mirar un cielo que no ven tus ojos, ¡de palpar las rosas que sustenta la cal de tus huesos ¡Carne de miseria, gajo vergonzante, muerto de fatiga, que no baja a dormir a tu lado, que se aprieta, trémulo, al impuro pezón de la Vida!

Doña Primavera viste que es primor, viste en limonero
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Doña Primavera viste que es primor, viste en limonero y en naranjo en flor. Lleva por sandalias unas anchas hojas, y por caravanas unas fucsias rojas. Salid a encontrarla por esos caminos. ¡Va loca de soles y loca de trinos! Doña Primavera de aliento fecundo, se ríe de todas las penas del mundo... No cree al que le hable de las vidas ruines. ¿Cómo va a toparlas entre los jazmines? ¿Cómo va a encontralas junto de las fuentes de espejos dorados y cantos ardientes? De la tierra enferma en las pardas grietas, enciende rosales de rojas piruetas. Pone sus encajes, prende sus verduras, en la piedra triste de las sepulturas... Doña Primavera de manos gloriosas, haz que por la vida derramemos rosas: Rosas de alegría, rosas de perdón, rosas de cariño, y de exultación.

Balada de mi nombre El nombre mío que he perdido, ¿dónde vive, dónde prospera?
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Balada de mi nombre El nombre mío que he perdido, ¿dónde vive, dónde prospera? Nombre de infancia, gota de leche, rama de mirto tan ligera. De no llevarme iba dichoso o de llevar mi adolescencia y con él ya no camino por campos y por praderas. Llanto mío no conoce y no la quemó mi salmuera; cabellos blancos no me ha visto, ni mi boca con acidia, y no me habla si me encuentra. Pero me cuentan que camina por las quiebras de mi montaña tarde a la tarde silencioso y sin mi cuerpo y vuelto mi alma.

Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento
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Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar! Él va amando a otra por la tierra en flor. Ha abierto el espino; pasa una canción. ¡Y él va amando a otra por la tierra en flor! El besó a la otra a orillas del mar; resbaló en las olas la luna de azahar. ¡Y no untó mi sangre la extensión del mar! El irá con otra por la eternidad. Habrá cielos dulces. (Dios quiera callar.) ¡Y él irá con otra por la eternidad!