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Frases de Pablo Neruda

70 frases

Yo que crecí dentro de un árbol tendría mucho que decir, pero aprendí tanto silencio
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Yo que crecí dentro de un árbol tendría mucho que decir, pero aprendí tanto silencio que tengo mucho que callar y eso se conoce creciendo sin otro goce que crecer, sin más pasión que la substancia, sin más acción que la inocencia, y por dentro el tiempo dorado hasta que la altura lo llama para convertirlo en naranja.

El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo.
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El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo. Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos. Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable. Escucha como el viento me llama galopando para llevarme lejos. Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme. Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amor mío.

Me llamo pájaro Pablo, ave de una sola pluma, volador de sombra clara
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Me llamo pájaro Pablo, ave de una sola pluma, volador de sombra clara y de claridad confusa, las alas no se me ven, los oídos me retumban cuando paso entre los árboles o debajo de las tumbas cual un funesto paraguas o como una espada desnuda, estirado como un arco o redondo como una uva, vuelo y vuelo sin saber, herido en la noche oscura, quiénes me van a esperar, quiénes no quieren mi canto, quiénes me quieren morir, quiénes no saben que llego y no vendrán a vencerme, a sangrarme, a retorcerme o a besar mi traje roto por el silbido del viento. Por eso vuelvo y me voy, vuelo y no vuelo pero canto: soy el pájaro furioso de la tempestad tranquila.

Amigo, llévate lo que tú quieras, penetra tu mirada en los rincones, y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera,
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Amigo, llévate lo que tú quieras, penetra tu mirada en los rincones, y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera, con sus blancas avenidas y sus canciones. II Amigo, con la tarde haz que se vaya este inútil y viejo deseo de vencer. Bebe en mi cántaro si tienes sed. Amigo, con la tarde haz que se vaya este deseo mío de que todo rosal me pertenezca. Amigo, si tienes hambre, come de mi pan. III Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto que sin mirar verás en mi estancia desnuda: todo esto que se eleva por los muros derechos —como mi corazón— siempre buscando altura. Te sonríes, amigo. ¡Qué importa! Nadie sabe entregar en las manos lo que se esconde adentro, pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves, y todo te doy… Menos aquel recuerdo… … Que en mi heredad vacía aquel amor perdido es una rosa blanca que se abre en silencio…

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
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No te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma. Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra. Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, te amo directamente sin problemas ni orgullo: así te amo porque no sé amar de otra manera, sino así de este modo en que no soy ni eres, tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

Tengo el corazón pesado con tantas cosas que conozco, es como si llevara piedras
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Tengo el corazón pesado con tantas cosas que conozco, es como si llevara piedras desmesuradas en un saco, o la lluvia hubiera caído, sin descansar, en mi memoria. No me pregunten por aquello. No sé de lo que están hablando. No supe yo lo que pasó. Los otros tampoco sabían y así anduve de niebla en niebla pensando que nada pasaba, buscando frutas en las calles, pensamientos en las praderas y el resultado es el siguiente: que todos tenían razón y yo dormía mientras tanto. Por eso agreguen a mi pecho no sólo piedras sino sombra, no sólo sombra sino sangre. Así son las cosa, muchacho, y así también no son las cosas, porque, a pesar de todo, vivo, y mi salud es excelente, me crecen el alma y las uñas, ando por las peluquerías, voy y vengo de las fronteras, reclamo y marco posiciones, pero si quieren saber más se confunden mis derroteros y si oyen ladrar la tristeza cerca de mi casa, es mentira: el tiempo claro es el amor, el tiempo perdido es el llanto. Así, pues, de lo que recuerdo y de lo que no tengo memoria, de lo que sé y de lo que supe, de lo que perdí en el camino entre tantas cosas perdidas, de los muertos que no me oyeron y que tal vez quisieron verme, mejor no me pregunten nada: toquen aquí, sobre el chaleco, y verán cómo me palpita un saco de piedras oscuras.

Amiga, no te mueras. Óyeme estas palabras que me salen ardiendo, y que nadie diría si yo no las dijera.
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Amiga, no te mueras. Óyeme estas palabras que me salen ardiendo, y que nadie diría si yo no las dijera. Amiga, no te mueras. Yo soy el que te espera en la estrellada noche. El que bajo el sangriento sol poniente te espera. Miro caer los frutos en la tierra sombría. Miro bailar las gotas del rocío en las hierbas. En la noche al espeso perfume de las rosas, cuando danza la ronda de las sombras inmensas. Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando el aire de la tarde como una boca besa. Amiga, no te mueras. Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes para el lecho selvático fragante a sol y a selva. El que trajo en los brazos jacintos amarillos. Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas. El que cruzó los brazos por esperarte, ahora. El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas. Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas. Racimos refregados. Mordeduras bermejas. El que te llama desde las llanuras brotadas. Yo soy el que en la hora del amor te desea. El aire de la tarde cimbra las ramas altas. Ebrio, mi corazón. bajo Dios, tambalea. El río desatado rompe a llorar y a veces se adelgaza su voz y se hace pura y trémula. Retumba, atardecida, la queja azul del agua. Amiga, no te mueras! Yo soy el que te espera en la estrellada noche, sobre las playas áureas, sobre las rubias eras. El que cortó jacintos para tu lecho, y rosas. Tendido entre las hierbas yo soy el que te espera!

Allí termina todo y no termina: allí comienza todo:
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Allí termina todo y no termina: allí comienza todo: se despiden los ríos en el hielo, el aire se ha casado con la nieve, no hay calles ni caballos y el único edificio lo construyó la piedra. Nadie habita el castillo ni las almas perdidas que frío y viento frío amedrentaron: es sola allí la soledad del mundo, y por eso la piedra se hizo música, elevó sus delgadas estaturas, se levantó para gritar o cantar, pero se quedó muda. Sólo el viento, el látigo del Polo Sur que silba, sólo el vacío blanco y un sonido de pájaro de lluvia sobre el castillo de la soledad.

Es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano. Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,
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Es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano. Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, el viento las sacude con sus viajeras manos. Innumerable corazón del viento latiendo sobre nuestro silencio enamorado. Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, como una lengua llena de guerras y de cantos. Viento que lleva en rápido robo la hojarasca y desvía las flechas latientes de los pájaros. Viento que la derriba en ola sin espuma y sustancia sin peso, y fuegos inclinados. Se rompe y se sumerge su volumen de besos combatido en la puerta del viento del verano.

Y sólo quiero cinco cosas, cinco raices preferidas. Una es el amor sin fin.
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Y sólo quiero cinco cosas, cinco raices preferidas. Una es el amor sin fin. Lo segundo es ver el otoño. No puedo ser sin que las hojas vuelen y vuelvan a la tierra. Lo tercero es el grave invierno, la lluvia que amé, la caricia del fuego en el frío silvestre. En cuarto lugar el verano redondo como una sandía. La quinta cosa son tus ojos, no quiero dormir sin tus ojos, no quiero ser sin que me mires: yo cambio la primavera por que tú me sigas mirando.