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Frases de Juan Ramón Jiménez

13 frases

El hombre es libre, tiene que ser libre. Su primera virtud, su gran hermosura, su gran amor es la libertad.
Yo no soy yo Yo no soy yo. Soy este
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Yo no soy yo Yo no soy yo. Soy este que va a mi lado sin yo verlo, que, a veces, voy a ver, y que, a veces olvido. El que calla, sereno, cuando hablo, el que perdona, dulce, cuando odio, el que pasea por donde no estoy, el que quedará en pie cuando yo muera…

Estoy triste y mis ojos no lloran Ver también Mario Benedetti: 14 poemas que te llegarán al corazón
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Estoy triste y mis ojos no lloran Ver también Mario Benedetti: 14 poemas que te llegarán al corazón 18 poemas latinoamericanos de autores imprescindibles 21 poemas bonitos que te llegarán al alma 14 poemas para pedir perdón y expresar arrepentimiento sincero Estoy triste, y mis ojos no lloran y no quiero los besos de nadie; mi mirada serena se pierde en el fondo callado del parque. ¿Para qué he de soñar en amores si está oscura y lluviosa la tarde y no vienen suspiros ni aromas en las rondas tranquilas del aire? Han sonado las horas dormidas; está solo el inmenso paisaje; ya se han ido los lentos rebaños; flota el humo en los pobres hogares. Al cerrar mi ventana a la sombra, una estrena brilló en los cristales; estoy triste, mis ojos no lloran, ¡ya no quiero los besos de nadie! Soñaré con mi infancia: es la hora de los niños dormidos; mi madre me mecía en su tibio regazo, al amor de sus ojos radiantes; y al vibrar la amorosa campana de la ermita perdida en el valle, se entreabrían mis ojos rendidos al misterio sin luz de la tarde... Es la esquila; ha sonado. La esquila ha sonado en la paz de los aires; sus cadencias dan llanto a estos ojos que no quieren los besos de nadie. ¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores, ya hay fragancias y cantos; si alguien ha soñado en mis besos, que venga de su plácido ensueño a besarme. Y mis lágrimas corren... No vienen... ¿Quién irá por el triste paisaje? Sólo suena en el largo silencio la campana que tocan los ángeles.

Abril, sin tu asistencia clara, fuera invierno de caídos esplendores; mas aunque abril no te abra a ti sus flores,
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Abril, sin tu asistencia clara, fuera invierno de caídos esplendores; mas aunque abril no te abra a ti sus flores, tú siempre exaltarás la primavera. Eres la primavera verdadera; rosa de los caminos interiores, brisa de los secretos corredores, lumbre de la recóndita ladera. ¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa, abrazados los dos, sea tu risa el surtidor de nuestra sola fuente! Mi corazón recojerá tu rosa, sobre mis ojos se echará tu brisa, tu luz se dormirá sobre mi frente…

Jesús, el dulce, viene… Las noches huelen a romero… ¡Oh, qué pureza tiene
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Jesús, el dulce, viene… Las noches huelen a romero… ¡Oh, qué pureza tiene la luna en el sendero! Palacios, catedrales, tienden la luz de sus cristales insomnes en la sombra dura y fría… Mas la celeste melodía suena fuera… Celeste primavera que la nieve, al pasar, blanda, deshace, y deja atrás eterna calma… ¡Señor del cielo, nace esta vez en mi alma!

Madre Te digo al llegar, madre, que tú eres como el mar;
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Madre Te digo al llegar, madre, que tú eres como el mar; que aunque las olas de tus años se cambien y te muden, siempre es igual tu sitio al paso de mi alma. No es preciso medida ni cálculo para el conocimiento de ese cielo de tu alma; el color, hora eterna, la luz de tu poniente, te señalan ¡oh madre! entre las olas, conocida y eterna en su mudanza.

Andando Andando, andando. Que quiero oír cada grano
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Andando Andando, andando. Que quiero oír cada grano de la arena que voy pisando. Andando. Dejad atrás los caballos, que yo quiero llegar tardando (andando, andando) dar mi alma a cada grano de la tierra que voy rozando. Andando, andando. ¡Qué dulce entrada en mi campo, noche inmensa que vas bajando! Andando. Mi corazón ya es remanso; ya soy lo que me está esperando (andando, andando) y mi pie parece, cálido, que me va el corazón besando. Andando, andando. ¡Que quiero ver el fiel llanto del camino que voy dejando!