Aunque no nos muriéramos al morirnos
Aunque no nos muriéramos al morirnos,
le va bien a ese trance la palabra: Muerte.
Muerte es que no nos miren los que amamos,
muerte es quedarse solo, mudo y quieto
y no poder gritar que sigues vivo.
Yo voy a una escuela
muy particular.
Cuando llueve se moja
como las demás.
Yo voy a una escuela
muy sensacional.
Si se estudia, se aprende,
como en las demás.
Yo voy a una escuela,
muy sensacional,
Los maestros son guapos
las maestras son más.
Cada niño en su pecho
va a hacer un palomar
donde se encuentre a gusto
el pichón de la Paz.
Yo voy a una escuela
muy sensacional.
Algo sucede
Algo me pasa que en mi pecho existe.
Vuelan hormigas y discurren peces.
Suena la sangre y el tambor convoca.
Hay un incendio cerca de mi pulso.
De nuevo el tigre lanza su mensaje.
Tiene mi cama sed de otra figura.
Vuelven las venas a cantar presagios.
Torna el insomnio con sus mil disfraces.
Lavo mis manos para hacerlas suyas,
peino el cabello, río a las vecinas.
Y cuanto miro se convierte en agua.
¡Esto es amor y lo demás miseria!
Los pájaros no tienen dientes
Los pájaros no tienen dientes,
con el pico se apañan.
Los pájaros pescan peces
sin red ni caña.
Los pájaros, como los ángeles,
tienen alas.
Los pájaros son artistas
cuando cantan.
Los pájaros colorean el aire
por la mañana.
Por la noche
son músicos dormidos
En las ramas.
Da pena ver a un pájaro en la jaula.
La risa
¡Bienvenida sea la risa
que deja alegría por donde pisa!
¡Que venga la risa
y su prima la sonrisa!
Reír es como si como
(alimenta más que el lomo).
Hay que reír cada hora
(lo receta servidora).
¡Ay qué risa, tía Felisa,
se vuela la camisa!
(La risa es muy buena para el pecho.)
Quien va sonriendo, va mejor que en coche;
quien ríe de día, duerme bien de noche.
Me miro triste las manos
Me miro triste las manos
después,
cuando escribo en medio
de la noche… (¡qué misterio!).
Me miro mi pobre mano,
estrella con cinco dedos,
estrella con cinco picos
estrella sin firmamento.
Y me parece mentira
que mi mano escriba versos.
Lo confieso
Es triste, y porque es triste, lo confieso;
aquí estoy yo y vengo voceando,
buceando, mejor, en la niebla;
ahorcándome la voz entre los álamos.
Ganándome el sudor con este pan,
ganándome la vida con las manos,
ganándome el dolor con el placer,
ganándome la envidia con el salmo.
Ganándome la muerte con la vida,
voy consiguiendo todo sin el llanto,
que soy la mujer fuerte que se viste
y medita mirando el calendario.
Es triste, y porque es triste, lo confieso,
cuesta mucho vencerse, sin embargo,
intenta dar un beso al enemigo
verás que sale luz de tu costado.
Poesía de los niños
No crucéis atolondrados
mirad bien a los lados.
Si se escapa la pelota
párate seco, no cruces,
te puedes caer de bruces.
Y en la selva del asfalto,
los tigres son autobuses
y los leones son autos.
Y no sé por qué
Estoy triste... y no sé por qué; he bebido amor,
y aún tengo sed.
Estoy sola... y no sé por qué quisiera saberlo,
mas no lo diré...
Estoy sola y no sé por qué, quisiera besar,
y no sé a quién.
Estoy enamorada... y no sé de qué. Quisiera saberlo...
y no puede ser.
Estoy triste y sola...
y no sé por qué.
—Tío Pío,
en el cole me han pedido
que escriba una poesía
a la prima Primavera.
¿Tú quieres que te la lea,
y me dices lo que opinas?
—Sí, sobrina.
Se oye un pío, pío,
junto a la orilla del río.
¡Oh!, cosa maravillosa,
los árboles tienen hojas,
las mariposas tienen ojos,
las ristras tiene ajos.
Junto a la orilla del río
todo es belleza y sonrío,
se oye un pío, pío, pío.
La Primavera ha venido
y yo la he reconocido,
por el pío, pío, pío.
—¿Qué te ha parecido, tío?
—Demasiado pío, pío.
Algo Sucede
Algo me pasa que en mi pecho existe.
Vuelan hormigas y discurren peces.
Suena la sangre y el tambor convoca.
Hay un incendio cerca de mi pulso.
De nuevo el tigre lanza su mensaje.
Tiene mi cama sed de otra figura.
Vuelven las venas a cantar presagios.
Torna el insomnio con sus mil disfraces.
Lavo mis manos para hacerlas suyas,
peino el cabello, río a las vecinas.
Y cuanto miro se convierte en agua.
¡Esto es amor y lo demás miseria!
No a la tristeza.
No al dolor.
No a la pereza.
No a la usura.
No a la envidia.
No a la incultura.
No a la violencia.
No a la injusticia.
No a la guerra.
Sí a la paz.
Sí a la alegría.
Sí a la amistad.
Pienso mesa y digo silla
Pienso mesa y digo silla,
compro pan y me lo dejo,
lo que aprendo se me olvida,
Lo que pasa es que te quiero.
La trilla lo dice todo;
y el mendigo en el alero,
el pez vuela por la sala
el toro sopla en el ruedo.
Entre Santander y Asturias
pasa un río, pasa un ciervo,
pasa un rebaño de santas,
pasa un peso.
Entre mi sangre y el llanto
hay un puente muy pequeño,
y por él no pasa nada,
lo que pasa es que te quiero.
En mi cara redondita
En mi cara redondita
tengo ojos y nariz,
y también una boquita
para hablar y para reír.
Con mis ojos veo todo,
con la nariz hago achís,
con mi boca como como
palomitas de maíz.
El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su «Longinos».
—¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
—Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido.
El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.
Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
—Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.
A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!
Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino;
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.
Y a las tantas ya del alba
—ya cantaban pajarillos—
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
—No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero —repitió el Niño.
A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño.