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Frases de Alfonsina Storni

17 frases

Bravo león, mi corazón tiene apetitos, no razón.
Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
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Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será! Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán... ¡Las flores tronchadas por el viento impío se agotan por siempre, por siempre jamás! ¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán! ¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad! ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad! ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van! ¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... -de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!... ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán! ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! ¡Adiós mi alegría llena de bondad! ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más!

Versos a la tristeza de Buenos Aires Ver también 24 poemas de Pablo Neruda imprescindibles en la literatura universal
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Versos a la tristeza de Buenos Aires Ver también 24 poemas de Pablo Neruda imprescindibles en la literatura universal 32 poemas famosos e imprescindibles de la literatura en español 57 poemas cortos para descubrir la belleza de la poesía 21 poemas largos llenos de significado y belleza Tristes calles derechas, agrisadas e iguales, Por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo, Sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo Me apagaron los tibios sueños primaverales. Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada En el vaho grisáceo, lento, que las decora. De su monotonía mi alma padece ahora. —¡Alfonsina!— No llames. Ya no respondo a nada. Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero Viendo en días de otoño tu ciclo prisionero No me será sorpresa la lápida pesada. Que entre tus calles rectas, untadas de su río Apagado, brumoso, desolante y sombrío, Cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.

Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos... En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto,
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Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos... En el viento, al pasar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida ¿quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará... rodará... Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va. Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de besar, oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Palabras a mi madre No las grandes verdades yo te pregunto, que No las contestarías; solamente investigo
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Palabras a mi madre No las grandes verdades yo te pregunto, que No las contestarías; solamente investigo Si, cuando me gestaste, fue la luna testigo, Por los oscuros patios en flor, paseándose. Y si, cuando en tu seno de fervores latinos Yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro Te adormeció las noches, y miraste, en el oro Del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos. Porque mi alma es toda fantástica, viajera, Y la envuelve una nube de locura ligera Cuando la luna nueva sube al cielo azulino. Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros. Arrullada en un claro cantar de marineros Mirar las grandes aves que pasan sin destino.

Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
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Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será! Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán... ¡Las flores tronchadas por el viento impío se agotan por siempre, por siempre jamás! ¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán! ¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad! ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad! ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van! ¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... -de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!... ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán! ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! ¡Adiós mi alegría llena de bondad! ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más! ...

¡Adiós! Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás.
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¡Adiós! Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será! Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán... ¡Las flores tronchadas por el viento impío se agotan por siempre, por siempre jamás! ¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán! ¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad! ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad! ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van! ¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... -de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!... ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán! ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! ¡Adiós mi alegría llena de bondad! ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más! ...

Quisiera esta tarde divina de octubre Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar;
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Quisiera esta tarde divina de octubre Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar… Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar: y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar.

Tú, que nunca serás Sábado fue, y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino,
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Tú, que nunca serás Sábado fue, y capricho el beso dado, capricho de varón, audaz y fino, mas fue dulce el capricho masculino a este mi corazón, lobezno alado. No es que crea, no creo, si inclinado sobre mis manos te sentí divino, y me embriagué. Comprendo que este vino no es para mí, mas juega y rueda el dado. Yo soy esa mujer que vive alerta, tú el tremendo varón que se despierta en un torrente que se ensancha en río, y más se encrespa mientras corre y poda. Ah, me resisto, más me tiene toda, tú, que nunca serás del todo mío.

Iremos a la montaña A la montaña nos vamos ya,
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Iremos a la montaña A la montaña nos vamos ya, a la montaña para jugar. En sus laderas el árbol crece, brilla el arroyo, la flor se mece. ¡Qué lindo el aire, qué bello el Sol, azul el cielo; se siente a Dios! Está la tarde de terciopelo; malva en la piedra, rosa en los cielos. ¡A la montaña! formamos ronda; ronda de niños ronda redonda...

Melancolía Oh muerte, yo te amo, pero te adoro, vida... cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
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Melancolía Oh muerte, yo te amo, pero te adoro, vida... cuando vaya en mi caja para siempre dormida, haz que por vez postrera penetre mis pupilas el sol de primavera. Déjame algún momento bajo el calor del cielo, deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo... era tan bueno el astro que en la aurora salía a decirme: buen día. No me asusta el descanso, hace bien el reposo, pero antes que me bese el viajero piadoso que todas las mañanas, alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.

Bella enamorada - XII He pasado la tarde soñándote. Levanto los ojos y miro las paredes que me rodean, como adormilada.
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Bella enamorada - XII He pasado la tarde soñándote. Levanto los ojos y miro las paredes que me rodean, como adormilada. Los fijo en cualquier punto y vuelven a transcurrir las horas sin que me mueva. Por fuera anda gente, suenan voces... Pero todo eso me parece distante, apartado de mi, como si ocurriera fuera del mundo que habito.