Frase de Margarita Michelena
Yo soy tu residencia, el domicilio último y verdadero de tu alma. Y en mí termina, aterradoramente, el parpadeo de su carne. Si digo “yo”, te nombro como en la sola espiga se nombra al trigo todo. Y tú no me conoces. Ah, pero si me oyes, si me oyes una vez, sabes quién eres. Miras tu propia voz en mi garganta, la ves salir de mí ya como el tallo que eleva y que sostiene la flor de tu palabra. Y allí, oh criatura, oh habitante doloroso y riente de mi alma, allí nos encontramos. Soy tu único espejo, soy el estanque terrenal y oscuro sobre el que a veces misteriosa piedra dibuja un vago círculo: tu nombre Amo lo que te arranca y te clausura, y lo que te desnace del sueño hasta el latido del latido a la piedra; la voz con que preguntas nombre y cifra a las cosas; el grito solitario que desuella la piel más escondida de tu alma; el golpe que te arroja el pozo de tu sangre. Y amo cuanto te alza el remoto vestido de los ángeles, aquello que te acerca al fluir de las otras criaturas, conduciéndote de la raíz y del silencio hasta la música y el aire.
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