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Frase de Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra que me llevare el blanco día, Y podrá desatar esta alma mía Hora, a su afán ansioso lisonjera; Mas no de esotra parte en la ribera Dejará la memoria, en donde ardía: Nadar sabe mi llama el agua fría, Y perder el respeto a ley severa. Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, Venas, que humor a tanto fuego han dado, Médulas, que han gloriosamente ardido, Su cuerpo dejará, no su cuidado; Serán ceniza, mas tendrá sentido; Polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo

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A una vieja que traía una muerte de oro No sé a cuál crea de los dos, Viéndoos, Ana, cual os veis:
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A una vieja que traía una muerte de oro No sé a cuál crea de los dos, Viéndoos, Ana, cual os veis: Si vos la muerte traéis, O si os trae la muerte a vos. Queredme la muerte dar Por que mis males remate: Que en mí tiene hambre que mate Y en vos no hay ya qué matar.

A la brevedad de la vida ¡Cómo de entre mis manos te resbalas! ¡Oh cómo te deslizas, vida mía!
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A la brevedad de la vida ¡Cómo de entre mis manos te resbalas! ¡Oh cómo te deslizas, vida mía! ¡Qué mudos pasos tras la muerte fría con pisar vanidad, soberbia y galas! Ya cuelga de mi muro sus escalas, y es su fuerza mayor mi cobardía: Por vida nuevo tengo cada día, que el tiempo cano nace entre las alas. ¡Oh mortal condición! ¡Oh dura suerte! ¡Que no puedo querer ver el mañana sin temor de si quiero ver mi muerte! Cualquier instante de esta vida humana es un nuevo argumento que me advierte cuán frágil es, cuán mísera y cuán vana.