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Frase de Oscar Portela

FERIA DEL LIBRO: LOS TEMPESTUOSOS AÑOS 70 Las presentaciones de dos de los libros más vendidos del momento (Timote, de José Pablo Feinmann, y Operación Traviata, de Ceferino Reato) fueron dos de los actos más convocantes y polémicos de la Feria del Libro. Los textos abordan, desde ángulos diferentes, las más resonantes y determinantes muertes, atribuidas a Montoneros, de la vida política argentina: la de Aramburu y la de Rucci. El debate sobre los años 70 en la literatura ENTREVISTA AL AUTOR DE “OPERACION TRAVIATA “El objetivo era apretar a Perón” “En 1973, yo tenía 22 años y trabajaba en la revista El descamisado. Una tarde apareció Firmenich en la redacción y nos dijo que Montoneros había matado a Rucci”, revela Ricardo Roa (actualmente editor adjunto del diario Clarín) durante la presentación del libro Operación Traviata (Sudamericana), en la Feria del Libro. La autoría del atentado que acabó con la vida del dirigente sindical, en 1973, nunca fue asumida públicamente por la organización guerrillera y fue atribuida a la Triple A y a la CIA. El periodista Ceferino Reato reconstruyó uno de los episodios más trascendentes y menos explorados de la turbulenta vida política argentina de los años 70. Después de la presentación, de la que también participaron Nelson Castro y Sergio Buffano, el autor del libro, del que ya se vendieron más de 45.000 ejemplares, conversó con LA GACETA Literaria. - En la introducción a su libro usted marca una tendencia ampliamente mayoritaria en la bibliografía que enfoca la década del 70: una concepción políticamente maniquea del pasado, que se considera determinado por continuidades históricas. ¿Cree que ese tipo de abordaje no responde a la lectura que la mayor parte de los argentinos hace sobre su historia reciente? - Creo que ahora no. Tal vez en los primeros tres años del kirchnerismo hubo en las grandes ciudades, en sus sectores medios, un consenso sobre la visión propuesta desde el oficialismo, que divide los 70 en dos grupos, en buenos y malos. Y el kirchnerismo como heredero virtuoso de los buenos: aquellos jóvenes que querían cambiar la Argentina y la región, y que eran una suerte de vanguardia iluminada de la clase trabajadora y de los sectores populares. Ese consenso fue deteriorándose y creo que estalló con el conflicto entre el Gobierno y el campo, que terminó con la hegemonía del kirchnerismo. Tanto es así que en su último discurso antes de la votación en el Senado, Néstor Kirchner vincula los cortes en las rutas con los grupos de tareas de la dictadura y con los comandos civiles de 1955, pero no logra el efecto buscado. Creo que ahora la gente es proclive a una visión más matizada y compleja de lo que pasó en los 70, que no libre de culpas a la guerrilla, especialmente a la que actuó durante la democracia peronista, entre 1973 y 1976, cuando el ERP se mantuvo en la clandestinidad y Montoneros tenía un pie en ambos lados. - ¿Le preocupa que su libro sea leído en clave política, como un cuestionamiento al discurso kirchnerista, al enfrentar el idealismo setentista con un crimen injustificable según su propia escala de valores? - No, no me ha preocupado. Una vez publicado el libro, la clave de lectura pertenece a los lectores. Creo que el discurso kirchnerista es un discurso político, es decir artificial, fabricado, “construido” diría la Presidenta; y que, como todos los discursos políticos, persigue ciertos objetivos. El objetivo ha sido lograr el consenso de los sectores medios urbanos y convertirse en un mecanismo de legitimación. Eso se ve claro en la defensa del Gobierno que hicieron las Madres y las Abuelas durante el conflicto con el campo, algo que no tenía mucho que ver con los derechos humanos, al menos en un sentido estricto. Las Madres y las Abuelas se han convertido en una suerte de escudo moral del kirchnerismo; fíjese que, en cambio, nunca han puesto el ojo en las denuncias sobre presuntos casos de corrupción del oficialismo. Esta es una gran pérdida para la sociedad civil porque deslegitima, en parte, organismos que eran de todos; los parcializa, los politiza. - ¿No le sorprendió que muchos ex militantes tanto de Montoneros como de la FAR destacaran la revisión que hace su libro? - No, porque creo que a ellos les hace bien: es muy difícil vivir con la carga de haber participado, de alguna manera, en actos que implicaron tanto sufrimiento para sus semejantes. Me parece que esto los alivia. Creo que ellos y muchos otros hablarían más, contarían más verdades, si no sintieran la amenaza de que algún juez pudiera enviarlos a la cárcel. - ¿Por qué Montoneros no asume públicamente el asesinato de Rucci? - Algunas fuentes dicen que no lo hacen para no enemistarse públicamente con Perón y no darle la excusa para romper definitivamente con ellos, ya que el objetivo de este atentado era apretar a Perón -en aquel momento presidente electo- para que volviera a tenerlos en cuenta en el reparto del gobierno y de los cargos en el Movimiento. Ellos no querían romper con Perón y veían en el atentado un hecho político, como si fuera un acto o una solicitada. Eran, además, otros tiempos, llenos de violencia política, y los guerrilleros no eran los únicos que protagonizaban estas situaciones. También es cierto que la violencia política no empezó con ellos en nuestro país. - Desde el punto de vista estratégico, ¿no era de una ingenuidad extrema pensar que el atentado llevaría a Perón a incorporar a Montoneros al movimiento? - Yo creo que, mirado desde el presente, sí. Los montoneros estaban en plena disputa con Perón por la conducción del peronismo y del país, y eso era un error, porque Perón estaba grande y enfermo. Pero no podían esperar: sentían que el socialismo estaba ahí, que sólo había que apurar las cosas. Y eran muy jóvenes, “imberbes” según me dijo Perdía. - ¿Cuánto influyó el atentado en la vida política de la Argentina? ¿Qué habría pasado si los organizadores hubieran decidido abortar ese atentado? - Es difícil hacer ese tipo de conjeturas. Posiblemente, si no hubieran atentado contra Rucci, Perón no habría endurecido su discurso contra ellos, algo que, por lo menos, creó el clima para la aparición de la Triple A dos meses después. Implicó un alza en el nivel de violencia política, que fue llevando a los montoneros a la militarización completa, a fuertes divisiones y a la clandestinidad. Todos los grupos fueron encrispándose y preparándose para la gran tragedia nacional. Para Perón, la muerte de Rucci fue una pérdida muy grande, porque era quien le garantizaba el control sobre el sindicalismo, que era uno de los pilares del Pacto Social y, en consecuencia, de su plan de gobierno. El asesinato también afectó la salud de Perón en una medida difícil de determinar, porque fue un gran golpe para el General. Fue un error político lamentable, por el que la Argentina pagó un gran costo. UNA NOVELA INCOMODA Timote: secuestro y muerte del general Aramburu Timote (Planeta) admite múltiples y contradictorias lecturas. Eso se advirtió durante la presentación del texto de José Pablo Feinmann en la Feria del Libro, en las interpretaciones que ofrecieron el escritor Guillermo Saccomanno y el sociólogo Horacio González. El primero, después de marcar la dificultad para clasificar un texto que parece oscilar entre el ensayo ficcionalizado y la novela con elementos ensayísticos, afirmó que la obra condena el asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu a manos de Montoneros. González, en cambio, dijo que él entiende que Feinmann no sentaba una posición. El autor entró en escena como tercer orador y confirmó la hipótesis de González. “En Timote, que es una novela, yo no tomo partido”, sentenció. El 29 de mayo de 1970, el comando montonero integrado por Mario Firmenich, Fernando Abal Medina y Carlos Ramus secuestró a Aramburu en su casa y lo trasladó hasta un sótano de una quinta que el tercero de los secuestradores tenía en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, llamado Timote. Gran parte del libro gira en torno de los diálogos que sostiene Aramburu con su captor, Abal Medina. Son dos católicos que hablan sobre Dios, que discuten socráticamente y que van tejiendo una relación que le dificultará al segundo matar al primero. Sus compañeros se lo advierten, le dicen que debe pensar en la masacre de José León Suárez y en el fusilamiento del general Valle; en las ideas, y no en el hombre. ¿Se trata de un asesinato o de un ajusticiamiento? Esta pregunta plantea el libro y se la formula Aramburu a Abal Medina, a quien le indica además que resulta ilegítimo que ellos se arroguen la representación popular. Abal Medina le contesta que el pueblo festejará en las calles su muerte. Y Feinmann, en la Feria, lo ratifica: “los pobres querían que lo mataran a Aramburu”. A la hora de juzgar la muerte del militar la distingue, indirectamente, del caso Rucci. “No resulta justificable ninguna muerte bajo un gobierno democrático”, lanza Feinmann e introduce un matiz en el caso que desarrolla literariamente su novela: “a esta altura de mi vida yo divido los hechos en dos grandes grupos: los que favorecieron el golpe del 76 y sus consecuencias, y los que no lo hicieron. La muerte de Aramburu entra dentro del primer grupo, porque él fomentaba la caída de Onganía y un acuerdo con el peronismo para llamar a elecciones. Y eso hubiera evitado mucha sangre”. Para construir el personaje de Abal Medina, Feinmann le mandó el borrador de su novela a su hijo, Juan Manuel Abal Medina, actual vicejefe de Gabinete, quien hizo una larga serie de apreciaciones para llenar los huecos que dejó la historia en el personaje. En el relato que hace Firmenich para La causa peronista aparece un Aramburu que muere con gran dignidad. Ese es el Aramburu que aparece en Timote, pero además llena lo que no dice Firmenich de los cuatro días en que estuvo secuestrado antes de que lo mataran. En ese tiempo, el autor monta el duelo intelectual (que contiene debates presentes en la política argentina) entre Aramburu y Abal Medina, a quien construye como un hombre atormentado pero valioso. El antagonista, para el narrador, es Firmenich. © LA GACETA Fragmento de la novela: (Aramburu) -Yo estoy pagando por la sangre derramada de Valle. La historia es eso. Una cadena de venganzas. Mi sangre va a reclamar la de ustedes. Matándome se condenan a morir, a que los maten. Alguien me va a vengar. No lo dude. Alguien, alguna vez, se va a sentir con tanto derecho como ustedes ahora. Este país todavía no conoce la furia del Ejército Argentino. Tenemos un Ejército formado por la OAS y por la Escuela de las Américas. Si usted supiera en serio, a fondo, lo que se enseña allí, vacilaría. (Abal Medina) -Nosotros también nos formamos para la guerra. Pero no nos formaron torturadores, sino revolucionarios. No se equivoque. No va a conseguir que tenga miedo. Ni que vacile. -Hágase esta pregunta. Se la hizo Gutiérrez de la Concha a Castelli, cuando este se preparaba para fusilar a Liniers. Le preguntó... - No se gaste, general. Hace tiempo que yo me hice esa pregunta. Me sorprende que usted la conozca. - Son sus prejuicios. Cree que los militares somos brutos. - Podría pasarme la noche ofreciéndole pruebas. Volviendo a Castelli: Castelli era abogado. Gutiérrez de la Concha le preguntó qué jurisprudencia era la que lo autorizaba a matar prisioneros. Una pregunta tonta. Castelli era un revolucionario. El y su amigo Moreno. La jurisprudencia eran ellos. Toda revolución crea su propia jurisprudencia. ¿O ustedes hicieron otra cosa? También la contrarrevolución crea sus propias leyes. O deroga las de los revolucionarios. - Gutiérrez de la Concha dijo algo más. - A ver, general. Dígalo. ¿Lo leyó en Billiken? - Voy a dejar de lado esa ofensa. Olvidemos a Castelli. Si cree que mis citas vienen del Billiken voy a evitarlas. La cuestión se la voy a plantear yo. Con mis palabras. Porque son mis ideas. - Soy todo oídos. - Usted se me presenta como un revolucionario. Quiere cambiar el régimen al cual yo pretendo integrar a Perón. Usted, por el contrario, quiere usar a Perón para destruirlo. También Castelli quería cambiar un régimen. Fusilar a Liniers era parte de ese cambio. - Parte sustancial de ese cambio. - Gutiérrez de la Concha le pregunta: doctor Castelli, ¿qué clase de sistema es el que empieza de este modo? ¿Qué clase de sistema empieza fusilando prisioneros indefensos? - No busque conmoverme, general. Son demasiados argumentos para defender apenas una vida. Aunque sea la suya. Gutiérrez, a quien llamo así para evitar la parte incómoda de su apellido, decía boludeces, con perdón. Una revolución tiene el derecho de matar a quienes quieren impedirla. Si empieza así, empieza bien. Usted me plantea una cuestión de ética política. Una mariconada liberal. Todo sistema que empieza matando empieza mal. ¿Usted me plantea eso? ¿El fusilador Aramburu? Toda revolución que empieza y no mata cuando tiene que matar está perdida. - Van a matarme entonces. Fernando no responde. Se toma un tiempo que a Aramburu le parece eterno. Después, sin solemnidad, pero con cierto aire marcial o con una clara dureza, dice: - General Aramburu, el Tribunal lo sentenció a la pena de muerte. Va a ser ejecutado en media hora.

Oscar Portela

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OSCAR PORTELA POR ESAS COSAS DEL DESTINO POR ROCÍO PÉREZ 2009-01-19 - Oscar Portela es un escritor correntino que nació en 1950 y hasta lo 12 años vivió en Loreto. Trabajó en varios diarios, fue el creador revistas como Signos, Tiempo y Diagnóstico, y obtuvo reconocimientos nacionales e internacionales. Este hombre de letras que publicó 12 libros de poesías, varios ensayos filosóficos y políticos, y numerosas críticas de cine, actualmente colabora con diversos medios tanto argentinos como extranjeros. El poeta, considerado una de las voces más importantes de la literatura argentina, afirma que la gente lee solo aquellos libros que el mercado impone. ¿Por qué eligió la literatura? Yo no la elegí como una carrera. Viví hasta los 12 años en el campo y era asmático y no podía hacer nada de lo que hacían los demás chicos. No me dejaban correr ni jugar al fútbol. No se si es algo casual, o se mezcla lo causal con lo casual, pero había una enorme biblioteca en mi casa. Y en esa época en la que no había luz eléctrica ni nada, la única salida para motivar la imaginación era la lectura, que se convirtió en la columna vertebral de mi vida. Trabajé en varios medios gráficos. Comencé en el Diario Corrientes y en A los 18 años empecé a trabajar en El Litoral en 1968, donde me hice cargo de la parte de espectáculos. Después cuando se fundó Época me llamaron para que me hiciera cargo de la parte literaria, a la que se le daba muchísima importancia en esos años. Usted publicó numerosos libros, ¿de dónde sale la inspiración a la hora de escribir? Todos los artistas son profundamente neuróticos y escriben compulsivamente. No se si se trata de inspiración, se trata más del hecho de que uno no puede respirar y necesita poder hacerlo por algún lado. El pintor hace esto a través del color, el músico mediante el sonido, y el poeta mediante una imagen que no es acústica ni pictórica pero es imagen al fin, que lleva implícito lo acústico porque tiene que vibrar y tener color al mismo tiempo. Al poeta muchas veces lo toma por sorpresa una imagen mediante la cual comienza a trabajar. Lo que aparece como inspiración debe ser muy trabajado, es un 1% de inspiración, lo demás se debe perfeccionar muchísimo. ¿En qué considera que contribuye la literatura en la vida de una persona y de una cultura? La literatura es la memoria de los pueblos. A través de ella un pueblo se narra a sí mismo su historia. Es lo que ocurrió con La Ilíada y La Odisea , no sabemos si Homero vivió o no, no hay instrumentos de ciencia histórica que comprueben eso, pero mediante ellas un pueblo se cuenta a sí mismo su historia. Cuando un pueblo adquiere historia recién puede comenzar a construir su identidad. Ambas son muy importantes, y más aún lo es la posibilidad de que puedan desaparecer debido a la globalización. Culturas milenarias ya están perdiendo su identidad, y la prueba más evidente es Japón que se occidentalizó casi por completo. Actualmente se habla de una crisis en la literatura mundial, ¿cuál considera que es el origen de la misma? Hay enorme crisis en la literatura actual por la falta de lectura más que nada. La gente joven cree que escribir es simplemente tomar un lápiz o una computadora y teclear, pero en realidad se trata de reescribir. Cuando digo esto me refiero a todo lo que uno fue incorporando con la lectura, que pasó a ser parte esencial de cada persona, que vuelve a reciclarse y se transforma en la voz propia. Si no se lleva a cabo este proceso el resultado es un híbrido, es algo experimental, sin valor. También la crisis está dada por todos aquellos libros que vienen predigeridos por las grandes editoriales. La gente busca leer lo que viene armado por las empresas, porque vive en la dimensión del estrés de la preocupación cotidiana, sin horizontes de tiempo. La lectura necesita un tiempo íntimo, y el hombre actual no vive en sí mismo sino alterado. Sucede en todos los planos de la vida. ¿Internet es un obstáculo que impide que la nueva generación de chicos se acerque a la lectura? Internet es un abanico que puede suplir a cualquier enciclopedia o libro. El chico que quiere saber sobre el Che Guevara puede encontrar información útil en Internet, al igual que el que quiere conocer sobre historia o pintura, sólo necesita saber buscar. La opción de estar 16 horas con los videojuegos e ignorar que son el gran negocio mundial de las corporaciones, y que los juegos de guerras son copias de las estrategias empleadas en los verdaderos conflictos, es una opción que ellos tienen. Los chicos de hoy se niegan a escuchar, no aceptan el diálogo y manifiestan un espontáneo alejamiento del saber. Antes se buscaba el contacto con la persona de mayor edad para encontrar sabiduría y conocimiento, actualmente es una palabra prohibida decir que se tiene más de 40 años, los chicos dicen que “están en otra”. Es algo que se va agudizando.

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EL VERBO Y LA CARNE POEMA DE OSCAR PORTELA A BRUNO SANTOS De que luz primigenia. De que aurora Nacida al amparo de vulneradas muertes. De que amarillas lunas ahogadas por el agua De lagos primordiales como los elementos. De que silbidos áureos que presagian El transito del caos a la armonía cósmica El alfarero inaugural hizo tu cuerpo de la arcilla Más pura desta tierra, oh Bruno, a torbellino y Magia condenado.Tú eres la tierra adolecida De toda la inocencia de un devenir sin deudas Y el milagroso azar que nos corona con recia Aristocracia del más audaz deseo de la especie. ¿Que alfarero y chaman mojo sus dedos en las Dolientes viseras de un pájaro para Amasar tus labios, ánforas que contienen toda Las endechas del mundo? ¿Que coreutas osados cantaron El nacimiento de tus formas cinceladas en ébano Cubiertas por tu carne trabajada en arcilla Santificada por la aurora de América? ¿Que chaman te bautizo en la cuna de verde césped Humedecido por el rocío del alba primigenia? ¿Que sinuosos ríos de montaña dibujaron tus caderas Que huyen de las manos del hombre y de todo poema?. Y tus desnudos muslos que envidian las efigies Y se rompen los harapos de humanas vestiduras Para surgir desnudos y perfectos como la melodía Que los vientos ponen en las florestas para que todo Asombro bañe la hermosura de un Dios que esperara La hora de bendecir el suelo que nos toma y tomara Nuestros deseos todos para quemarlos en la hoguera Del amor deseado y devolverlos a la tierra fértil A la que pertenecemos los mortales y dioses Que embellecen las horas de los días terrestres? No hay templos para ti oh Bruno, ni poemas que no se rompan Por que eres mas bello que el verbo convertido en palabra? Pero tú justificas todo el dolor del mundo. Tu belleza es el premio y la eternidad del oro. El dolor dice pasa pero el goce quiere contemplar tus fulgores La eternidad efímera del búcaro que no puede morir Y vuelve eternamente como los dioses de la tierra que son El salmo de la tierra misma y tu su encarnación oh Bruno Santos. Oscar Portela