El que quiere arañar la Luna, se arañará el corazón.
Frases de Federico García Lorca
28 frases
Pequeño vals vienés En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte
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Pequeño vals vienés En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals con la boca cerrada. Este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac que moja su cola en el mar. Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto, por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura. En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos. Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del "Te quiero siempre". En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río. ¡Mira qué orilla tengo de jacintos! Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.
La guitarra hace llorar a los sueños. El sollozo de las almas
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La guitarra hace llorar a los sueños. El sollozo de las almas perdidas se escapa por su boca redonda. Y como la tarántula, teje una gran estrella.
En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida.
El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta.
La luna vino a la fragua Con su polisón de nardos. El niño la mira mira.
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La luna vino a la fragua Con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña lúbrica y pura, sus senos de puro estaño. –Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos harían de tu corazón collares y anillos blancos. –Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. –Huye luna, luna, luna, Que ya siento sus caballos. –Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua, el niño tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. ¡Cómo canta la zumaya, ay cómo canta el árbol! Por el cielo va la luna con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela vela. El aire la está velando.
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones
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Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
Tú querías que yo te dijera el secreto de la primavera. Y yo soy para el secreto
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Tú querías que yo te dijera el secreto de la primavera. Y yo soy para el secreto lo mismo que es el abeto. Árbol cuyos mil deditos señalan mil caminitos. Nunca te diré, amor mío, por qué corre lento el río. Pero pondré en mi voz estancada el cielo ceniza de tu mirada. ¡Dame vueltas, morenita! Ten cuidado con mis hojitas. Dame más vueltas alrededor, jugando a la noria del amor. ¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera, el secreto de la primavera.
Mariposa Mariposa del aire, qué hermosa eres,
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Mariposa Mariposa del aire, qué hermosa eres, mariposa del aire dorada y verde. Luz de candil, mariposa del aire ¡quédate ahí, ahí, ahí!... ¡Quétade ahí! Mariposa, ¿estás ahí?
Alba (fragmento) Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada
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Alba (fragmento) Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias.
Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo y que tu corazón aprenda a estar tranquilo.
Agua ¿Dónde vas? Agua, ¿dónde vas? Riendo voy por el río a las orillas del mar.
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Agua ¿Dónde vas? Agua, ¿dónde vas? Riendo voy por el río a las orillas del mar. Mar, ¿adónde vas? Río arriba voy buscando fuente donde descansar. Chopo, y tú ¿qué harás? No quiero decirte nada. Yo…, ¡temblar! ¿Qué deseo, qué no deseo, por el río y por la mar? Cuatro pájaros sin rumbo en el alto chopo están.
Chopo muerto ¡Chopo viejo! Has caído
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Chopo muerto ¡Chopo viejo! Has caído en el espejo del remanso dormido, abatiendo tu frente ante el poniente. No fue el vendaval ronco el que rompió tu tronco, ni fue el hachazo grave del leñador, que sabe has de volver a nacer. Fue tu espíritu fuerte el que llamó a la muerte, al hallarse sin nidos, olvidado de los chopos infantes del prado. Fue que estabas sediento de pensamiento, y tu enorme cabeza centenaria, solitaria, escuchaba los lejanos cantos de tus hermanos. En tu cuerpo guardabas las lavas de tu pasión, y en tu corazón, el semen sin futuro de Pegaso. La terrible simiente de un amor inocente por el sol de ocaso. ¡Qué amargura tan honda para el paisaje, el héroe de la fronda sin ramaje! Ya no serás la cuna de la luna, ni la mágica risa de la brisa, ni el bastón de un lucero caballero. No tornará la primavera de tu vida, ni verás la sementera florecida. Serás nidal de ranas y de hormigas. Tendrás por verdes canas las ortigas. Y un día la corriente llevará tu corteza con tristeza. ¡Chopo viejo! Has caído en el espejo del remanso dormido. Yo te vi descender en el atardecer y escribo tu elegía, que es la mía.
Soneto del amor oscuro Quiero llorar mi pena y te lo digo para que tú me quieras y me llores
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Soneto del amor oscuro Quiero llorar mi pena y te lo digo para que tú me quieras y me llores en un anochecer de ruiseñores, con un puñal, con besos y contigo. Quiero matar al único testigo para el asesinato de mis flores y convertir mi llanto y mis sudores en eterno montón de duro trigo. Que no se acabe nunca la madeja del te quiero me quieres, siempre ardida con decrépito sol y luna vieja. Que lo que no me des y no te pida será para la muerte, que no deja ni sombra por la carne estremecida.
Alba Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada
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Alba Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva Semilleros de nostalgias Y la tristeza sin ojos De la médula del alma. La gran tumba de la noche Su negro velo levanta Para ocultar con el día La inmensa cumbre estrellada. ¡Qué haré yo sobre estos campos Cogiendo nidos y ramas Rodeado de la aurora Y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos Muertos a las luces claras Y no ha de sentir mi carne El calor de tus miradas! ¿Por qué te perdí por siempre En aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco Como una estrella apagada.
Mariposa del aire Mariposa del aire, qué hermosa eres,
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Mariposa del aire Mariposa del aire, qué hermosa eres, mariposa del aire, dorada y verde. Luz del candil, mariposa del aire, ¡quédate ahí, ahí, ahí!... No te quieres parar, pararte no quieres. Mariposa del aire dorada y verde. Luz de candil, mariposa del aire, ¡quédate ahí, ahí, ahí!... ¡Quédate ahí! Mariposa, ¿estás ahí?
Las seis cuerdas La guitarra hace llorar a los sueños.
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Las seis cuerdas La guitarra hace llorar a los sueños. El sollozo de las almas perdidas se escapa por su boca redonda. Y como la tarántula, teje una gran estrella.
El amor duerme en el pecho del poeta Tú nunca entenderás lo que te quiero porque duermes en mí y estás dormido.
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El amor duerme en el pecho del poeta Tú nunca entenderás lo que te quiero porque duermes en mí y estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido por una voz de penetrante acero. Norma que agita igual carne y lucero traspasa ya mi pecho dolorido y las turbias palabras han mordido las alas de tu espíritu severo. Grupo de gente salta en los jardines esperando tu cuerpo y mi agonía en caballos de luz y verdes crines. Pero sigue durmiendo, vida mía. ¡Oye mi sangre rota en los violines! ¡Mira que nos acechan todavía!
El lagarto está llorando El lagarto está llorando. la lagarta está llorando.
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El lagarto está llorando El lagarto está llorando. la lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado! Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. ¡Miradlos qué viejos son! ¡Qué viejos son los lagartos! ¡Ay, cómo lloran y lloran, ay, ay, cómo están llorando!
Romance de la luna, luna La luna vino a la fragua Con su polisón de nardos.
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Romance de la luna, luna La luna vino a la fragua Con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, habrían con tu corazón collares y anillos blancos. Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. -Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Cómo canta la zumaya, ¡ay, como canta en el árbol! por el cielo va la luna con un niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la está velando.
La poesía no quiere adeptos, quiere amantes.
Caracola Me han traído una caracola. Dentro le canta
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Caracola Me han traído una caracola. Dentro le canta un mar de mapa. Mi corazón se llena de agua con pececillos de sombra y plata. Me han traído una caracola.
Cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente isla en el infinito.
Un pastor pide teta por la nieve que ondula blancos perros tendidos entre linternas sordas. El Cristito de barro se ha partido los dedos
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Un pastor pide teta por la nieve que ondula blancos perros tendidos entre linternas sordas. El Cristito de barro se ha partido los dedos en los tilos eternos de la madera rota. ¡Ya vienen las hormigas y los pies ateridos! Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro. Los vientres del demonio resuenan por los valles golpes y resonancias de carne de molusco. Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes coronadas por vivos hormigueros del alba. La luna tiene un sueño de grandes abanicos y el toro sueña un toro de agujeros y de agua. El niño llora y mira con un tres en la frente, San José ve en el heno tres espinas de bronce. Los pañales exhalan un rumor de desierto con cítaras sin cuerdas y degolladas voces. La nieve de Manhattan empuja los anuncios y lleva gracia pura por las falsas ojivas. Sacerdotes idiotas y querubes de pluma van detrás de Lutero por las altas esquinas.